Cuando eres niña, y tienes unos 4 años, quieres ser princesa en tu futuro, cuando tienes 8 años, quieres ser profesora, cuando tienes 10, cantante, y cuando lo conoces a él, lo único que quieres en tu futuro, es levantarte cada mañana, abrir los ojos, y ver su cara, escuchar su voz diciendote:
-Buenos días mi amor, levantate que ya es tarde..
Y entonces, sin hacerle ningún tipo de caso, enredarte junto a él en las sabanas, y sumergiros en otro mundo. Un mundo que os pertenece a vosotros, en el que no entra nadie más. Solo caricias, abrazos, besos, besos, besos, besos, amor. Un mundo en el que solo sientes las yemas de tus dedos acariciando tu cintura, su lengua deslizándose por tu cuello, y es entonces es cuando desconectas totalmente, cierras los ojos y dejas que pase el tiempo, que pase lentamente, saboreando cada abrazo, y hundiendo tus dedos en su espalda.
-Cuidado con los arañazos amor.
No puedes contestar, lo intentas, pero ahora mismo, hay tanta tensión en tu mandíbula que no puedes moverla.
Cuando terminais de amaros, y ese mundo se va desvaneciendo, él termina, se pone derecho y te dice:
-Eres genial mi amor, no sabes como disfruto cuando estoy contigo.
Entonces, se te humedecen los ojos, de felicidad, de extasis, de alegría, al saber, al escuchar lo que te ha dicho y ser consciente de que de verdad le apetece estar contigo.
-Cariño, es muy tarde, ¿te apetece una ducha?
No quiero despertar de este sueño nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario